Patrones: un código por descifrar

Víctor Manuel Mendoza García

“…existen escondidos en los centros históricos una serie de conocimientos que no hemos sabido o no hemos querido descifrar, que hace que aún sean hoy motivo de orgullo para sus habitantes,…” Carlos Arvizu García.

Imagina un escenario natural inigualable, te encuentras sentado debajo de un árbol sobre una piedra, tus pies generando un crujido al tronar las hojas secas que descansan sobre una alfombra de pasto que enmarca un sendero de arena, el cual sigue el recorrido de un arroyo cristalino; tú, alcanzas a ver el reflejo del sol sobre ese arroyo y distingues claramente el sonido del agua que golpea ligeramente las rocas que ha arrastrado cuesta abajo.

Durante mucho tiempo, el ser humano ha tratado de generar paisajes casi artísticos fuera o dentro de la ciudad, pocos pueden presumir de asemejar la perfección de la naturaleza. Hoy iremos más lejos con la definición de paisaje. En este texto, el paisaje no será una simple extensión de terreno que se ve desde un sitio o que considera un aspecto artístico, entenderemos al paisaje como un conjunto de elementos que forman un sistema.

Volvamos al primer párrafo. Al parecer los elementos que ahí se encuentran: las hojas, la piedra sobre la que se descansa; el sendero hacia el arroyo y las piedras no tienen una relación específica, pero pertenecen a una cadena de hechos que relaciona a cada uno de los elementos mencionados en ese paisaje. La razón de estar en ese sitio es por sus características: un lugar donde aún se puede percibir el sonido relajante del arroyo que años atrás arrastró una piedra hasta la sombra confortable del árbol que se desprende de las hojas secas que se pisó al llegar. Es precisamente esa cadena de relaciones la que define la elección por permanecer.

Ahora, ubícate en tu ciudad ideal, ¿qué te gusta de ese sitio?¿la gente?¿la tranquilidad?¿la vista?¿los colores?¿clima?¿texturas?¿aromas?¿actividades? Existe algo en ella que a simple vista no se alcanza a percibir y por lo cual se eligió esa ciudad, es el ADN que define ese sitio, el código que dispone de todas las cosas y elementos para ubicarlos en el lugar donde deben estar, su nombre es ‘patrón’.

“Los patrones son los elementos que marcarán la pauta en un conjunto para determinar cómo se relacionan sus componentes” Carlos Arvizu García.

La ciudad como paisaje urbano debería de ser concebida de la misma manera en que la naturaleza interrelaciona todos sus componentes, pero, en realidad, resulta muy complicado encontrar un sitio artificial que proporcione o satisfaga las necesidades humanas. La ciudad contemporánea es el sitio del ningún lugar, con desarrollos urbanos que obedecen a una renta inmediata para algunos y prejuicios para el resto; diseñada con base en ideas que se venden como innovadoras y se diseñan paisajes urbanos enfocados a la forma sin atender demasiado al fondo.

Por el contrario, las zonas históricas de las ciudades o centros históricos, han resultado ser por muchos años, los sitios de visita por excelencia, el lugar con mayor cantidad de actividades y sobre todo el corazón económico de las ciudades. Lo anterior se ve reflejado claramente en el paisaje que los dos tipos de ciudades generan. Imagina un paisaje de ciudad contemporánea, ahora imagina el paisaje de un centro histórico. Es inevitable pensar en el primer caso en aquellos espacios con súper carreteras, edificios monumentales, y diseños que obedecen más a una cuestión de estética que de necesidad. Sin embargo los centros históricos siempre evocan a esta imagen pintoresca de arquitectura que obedecía a una necesidad real, con personas caminando, un fuerte movimiento económico y lugares para estar.

Por lo anterior es importante entender que los paisajes urbanos se pueden dividir en dos: los que cuentan con patrones claros, que fomentan la calidad de vida y los anti-patrones que funcionan como reglas de diseño y rompen con las necesidades de los habitantes.

Cuando los diseñadores, arquitectos y urbanistas comprendan que es momento de diseñar ciudades para la gente y no para la vista, la belleza vendrá por añadidura, pues se comenzarán a generar patrones propios de la cultura, los cuales, vendrán acompañados de soluciones claras que formarán parte de la arquitectura del espacio.

Imagen 2do escrito Víctor.
Galina Tachieva