El cine y la ciudad

Sandra C. Fernández Cruz

‘Desde las primeras películas, el cine ha reflejado la vida urbana a través de sus propios medios de representación. Reconsiderar estas películas puede contribuir a entender la formación de estructuras culturales en relación con sus entornos arquitectónicos’.- Gül Kale

El cine se relaciona de distintas maneras con la ciudad, para Rodrigo Culagovski es una recreación del espacio urbano; es también un factor que influye en la creación de las ciudades, por su capacidad de crear imágenes y deseos; y es un producto industrial dentro del contexto de la ciudad contemporánea como hecho económico y comercial.

Antes del cine, la pintura, la literatura y la fotografía eran las formas en donde las personas tenían experiencias artísticas a partir de las imágenes o descripciones de imágenes. En las novelas del siglo XIX los escritores retrataban eventos y escenarios propios de su época; los pintores podían retratar la estética de los escenarios que veían; los fotógrafos proyectaron la vida diaria de las ciudades a través de sus imágenes. Las películas permitieron a las audiencias relacionarse con el mundo moderno de una manera distinta. El cine fue pensado como una forma de exponer imágenes que creaban una estructura fragmentada en la vida moderna.

Durante el siglo XX, el cine fue un recurso para que un importante número de personas pudieran imaginar la vida de las grandes urbes, las cuales fueron representadas como escenarios con distintas connotaciones. La ciudad en el cine del siglo XX podía ser un lugar en donde podría hallarse un nuevo tipo de belleza; un espacio que influía en las relaciones sociales, políticas y económicas de sus habitantes; un lugar donde todo era posible: la libertad y el cambio.

A finales del siglo XX y aún en el siglo XXI, el cine aún presenta la posibilidad de acceder a estas grandes urbes a través de representaciones condicionadas por las opiniones, visiones y libertades artísticas de sus directores; además de ser todavía un importante recurso para hablar de las contradicciones sociales, morales y económicas que viven todas las grandes urbes.

Este año en la Casa de la Ciudad presentamos un nuevo programa: ‘Cine y Ciudad’, en este ciclo de proyecciones mostramos películas de ficción en donde las ciudades y la vida urbana tienen un papel relevante para la trama. La ciudad como escenario de acontecimientos políticos e históricos, como un lugar que influye decisivamente en los vínculos entre sus habitantes y su manera de relacionarse con el mundo.

Para más información sobre el programa ‘Cine y Ciudad’, consulta la página http://www.casadelaciudad.org

Bibliografía

Culagovski, R. (2005). El cine como recreador de ciudades, laFuga, 1. [Fecha de consulta: 2018-02-01] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/el-cine-como-recreador-de-ciudades/226

Kale, G. (2005). Interacción entre cine y arquitectura: una mirada a través de la primera mitad del siglo XX. Bifurcaciones. Recuperado de http://www.bifurcaciones.cl/003/Kale.htm

Velasco en Oaxaca / Región del imaginario paisajista del siglo XIX

Víctor Rodríguez Rangel

[…] el espectador se siente en lo alto de un valle frío y respira un aire delgado, aire sólo para las águilas, en un misterio equilibrio entre el cielo y la tierra […] y, como en un espejo, la lejanía: las mismas aguas, los mismos cielos, la misma tierra […] Y el aire, invisible presencia que delata a los grandes pintores. Todo está suspendido en un momento de pausa, como si la naturaleza se hubiese detenido un instante para después proseguir su marcha. Pintor de límites, Velasco nos muestra un mundo que no es el del reposo absoluto ni tampoco el del movimiento sino el del descanso.

 Octavio Paz.

Preámbulo

Entre diciembre de 1887 y febrero de 1888, el afamado pintor de paisaje, José María Velasco (1840-1912) -ex alumno, profesor y director del ramo en la antigua Academia de San Carlos-, levantó una serie de apuntes y bosquejos ante la localidad para la realización de diversas pinturas sobre la Sierra zapoteca de Ixtlán, en específico sobre el pueblito de San Pablo Guelatao, apostado en una meseta y envuelto por una imponente vista montañoso y semiárida. Los cuadros los compuso desde diferentes ángulos a una distancia de por lo menos medio kilómetro de la población.

 Las obras velasquianas sobre Guelatao se inscriben en el contexto de su viaje a la capital oaxaqueña, comisionado por el obispo de aquel Estado para pintar la Catedral de Oaxaca, dicha obra sería enviada a Roma como un regalo al Papa León XIII en ocasión del jubileo sacerdotal del pontífice en 1888. En este viaje aprovechó para ejecutar doce pinturas sobre la región –algunas bajo encargo realizando diversos estudios para exaltar, a través de su encanto paisajista, la geografía, la flora, las ruinas arqueológicas, la luz y muchas otras características de la zona, de esta manera pintó Mitla, el valle de Oaxaca, el árbol del Cardón, el del Tule y las vistas de Guelatao. “Oaxaca significó para el célebre paisajista el encuentro con una demarcación de sitios y panorama con profunda resonancia histórica, simbólica y geográfica.”

 La consagración paisajista que alcanzó José María Velasco en esa docena de vistas pictóricas, se debió a una depurada técnica y a una sublime expresión personal y original, que lejos estaban de las tempranas fases formativas del mexiquense, cuando a sus veinte años era la promesa del cuerpo de discípulos del italiano Eugenio Landesio en la Academia Nacional de San Carlos. La trayectoria inició en 1855, un año crucial para el despunte de una notable generación mexicana que cultivo la pintura de paisaje, inscritos en la enseñanza del género en la Academia capitalina. La base era un modelo educativo implantado por Landesio y cimentado en una sólida formación empírico-académica, con un plan de estudios propicio para que se resolvieran las necesidades del curso autónomo paisajístico. El género en México vivió una etapa temprana, a raíz de aquel año, bajo la influencia de los preceptos del romanticismo, vertiente filosófica y artística que en buena parte del XIX permeó la producción plástica en el hemisferio occidental y exaltó la intensidad sugestiva, la sensibilidad poética y una majestuosidad “sublime” en las obras de paisaje, sobre todo en las vistas panorámicas a campo abierto –meta y fase más avanzada según el modelo de enseñanza del profesor europeo, procedente de la Academia de San Luca de Roma.

Las resoluciones propias del idealismo romántico, conforme corrían las décadas de la segunda mitad de esa centuria, fueron paulatinamente sustituidas por un tratamiento estilístico “naturalista” –de un alto grado de objetividad en la recreación de cada uno de los elementos que conforman la naturaleza-, propio de una era mecanicista y la visión sobre el progreso y el conocimiento científico en el ámbito filosófico del positivismo porfirista. Las personalidades de Landesio y de los egresados, como José María Velasco, Luis Coto, Carlos Rivera, Gregorio Dumaine, José Jiménez y Cleofás Almanza, representan con sus logrados paisajes este lapso brillante de la segunda mitad de aquel siglo. Landesio, en sus enseñanzas, proclamó que al centro de sus composiciones paisajistas se configuraban los episodios, los cuales clasificó como de historia, escenas populares, escenas militares, escenas familiares, retratos y animales.

El episodio era la parte primordial de la obra –el centro focal-, aunque su escala en la superficie pictórica resultaba empequeñecida, envuelto por una imponente localidad que, según Landesio, se componía de celajes, follaje, terrenos, aguas y edificios: esto último se ramificó en edificios interiores y exteriores, con panoramas amplios o encuadres cerrados que reproducen los palacios, plazas, parques y monumentos representativos de las ciudades, principalmente de la ciudad de México-urbe en la cual se ubicaba la citada Academia- y, posteriormente, “glorias” del barroco, como la catedral de Oaxaca.

El profesor, originario de Turín, proponía en su plan de trabajo para el curso una serie de prácticas de campo y de expediciones tanto a los alrededores de la ciudad de México como a ciertas zonas de difícil acceso para esos tiempos. Los pupilos en estas prácticas ejercitaban la observación de los elementos del paraje y realizaban sendos estudios preparatorios de celajes, follajes, arroyos, rocas, montañas y ríos, para posteriormente integrarlos en el taller -en una manipulación idealizada del paisaje- a obras definitivas.

El ferrocarril mexicano. El género de paisaje académico diversifica escenarios.

El ferrocarril significó una serie de profundas transformaciones económicas y un medio mecánico para intercomunicar a las poblaciones inaccesibles; el optimismo progresista era evidente en la sociedad y su representación no podía estar ausente en la pintura del paisaje. El 1 de enero de 1873, el presidente de la República, Sebastián Lerdo de Tejada, inauguró la ruta completa entre México y Veracruz, sellando con ello, la primera gran proeza del Ferrocarril Mexicano. El tendido ferroviario, muy pronto, se extendería hacia Laredo, Cuernavaca, Puebla, Oaxaca y Mérida. Respecto a Oaxaca, el ferrocarril alcanzó Tecomavaca desde Tehuacán en 1891 y, muy pronto, se extendió hasta la capital del estado en 1892. Ante la precisión de las fechas, entendemos que Velasco sólo pudo llegar por tren hasta Tehuacán, y de ahí empezó la gran aventura por otro tipo de transportes más rudimentarios, hasta lograr la capital oaxaqueña.

Este avance tecnológico, a vapor, permitió primero a Landesio y posteriormente a Velasco –quien en 1877 se hace cargo de todo el ramo de paisaje en la Academia-, mover a sus discípulos afuera del altiplano central del país, emprendiendo productivas expediciones o exploraciones a otros ecosistemas. A las vistas de Oaxaca precedieron las de Tlaxcala y los paisajes fríos, vaporosos y alpestres en torno a la Sierra Madre Oriental, a la altura de los límites entre Puebla, Tlaxcala y Veracruz, siendo localidades idóneas para representar otras dimensiones lumínicas, distintos follajes, diferentes terrenos, nuevos matices cromáticos y otros cuerpos de agua, desiguales a los del altiplano.

Serena amplitud oaxaqueña en la producción de Velasco

Es consabido, aunque nunca lo expresó públicamente, la inclinación de Velasco por la regencia del Segundo Imperio, en tiempos de Maximiliano de Habsburgo, al tiempo que los encargos de obra que le hacían los conservadores y la iglesia durante la República restaurada y el Porfiriato, debieron de ponerlo un tanto en tela de juicio respeto a las afiliaciones políticas en esa era del predomino del pensamiento federalista y liberal, por lo que el hecho de que ciertos patrocinadores le hayan encargado obra sobre la diminuta villa de Guelatao, como motivo central de una serie de panorámicos paisajes, lo reconciliaron con las fuerzas republicanas, quienes consideraban a Juárez desde su muerte como un hito patriótico en la historia de la construcción del Estado moderno. Menciono lo anterior porque en aquella época de exacerbadas confrontaciones ideológicas, personalidades públicas como Velasco –que incluso sus obras representaban la modernidad del país en los pabellones nacionales de las exposiciones universales- estaban bajo sospecha por sus preferencias políticas.

En las pinturas sobre Gulatao, la población se detalla diminuta sobre los lomeríos y entorno a la laguna que produce un verdor de oasis en su demarcación, motivos abrazados por el imponente horizonte serrano que se retrae a la profundidad. En el cuadro más ambicioso por su tamaño y logro respecto a Guelatao, la atención visual se enfoca en el viejo de manta del primer término, quien cargado de su itacatl, se dirige por una sinuosa vereda hacia la capital oaxaqueña. No cabe duda que Velasco insinúa a su manera la relevancia de la localidad como cuna de un protagonista de la historia de México de la talla de Juárez, quien falleció diecisiete años atrás a la firma de esta producción plástica, sin embargo su eco era fuerte en los discursos retóricos y en los relatos patrios del presidente Porfirio Díaz.

Por la laguna es que Guelatao lleva este nombre, que en zapoteca significa Laguna pequeña o encantada, y es la cabecera municipal de uno de los 570 municipios de Oaxaca. El pueblo se encuentra en una zona montañosa al norte de la ciudad de Oaxaca (60 kilómetros), a una altura de 1780 m. sobre el nivel del mar. San Pablo Guelatao es una población, antes irrelevante, que saltó al plano nacional porque ahí procrearon a Juárez sus padres, unos humildes agricultores de raza indígena, muriendo primero ellos y luego sus abuelos cuando él era un niño. Huérfano quedó al amparo de un tío, a partir de entonces trabajó como empleado agrícola y pastor, en una escalada épica de tenacidad que lo llevó primero a alcanzar en la capital oaxaqueña el título de abogado para, posteriormente, llegar a ser gobernador de su estado y presidente de la república.

La pintura de José María Velasco es un tributo geográfico al benemérito, he impacta por la maestría pictórica que nos permite deleitarnos ante el sosegado paisaje de una atmosférica trasparencia científica, pero al tiempo es un canto poético sobre el imponente paraje el cual hace una pausa, para que lo disfrutemos en su amplitud. Cabe terminar este ensayo con la reflexión de poeta Adolfo Castañón: “La visión panóptica y astringente de Velasco parecería deslindarse de la historia. Cabe precisar, sin embargo, que su compromiso con la geografía y con el genio del lugar llamado México no podía pasar por alto ni la historia ni la política ni, por supuesto, la ciencia y el arte”.

Noviembre 2016. Ciudad de México

La Vuelta al Mundo en 80 Bicicletas

bicis

 

“Y así, en efecto, andar en bicicleta es una manera de ir haciendo una ciudad y una sociedad distintas, donde caben todos porque es de nuestro tamaño, que no aplasta ni intimida, que no asusta, que da gusto estar en ella, y donde uno siente que ése sí es su lugar en este mundo” 

Pablo Fernández Christlieb

 

La bicicleta como medio de transporte, como recreación o deporte, ha estado presente en nuestros entornos urbanos, semiurbanos y rurales desde que se inventó. Aunque el reciente auge de su uso como medio de transporte en las ciudades ha ocasionado una mayor presencia en el imaginario social, la realidad es que la bicicleta ha estado siempre ahí, siendo parte de la vida cotidiana.

Hablando en particular desde el punto de vista urbano, la bicicleta es ya un referente que ha ido ganando espacio en nuestras calles y en nuestras políticas públicas. Estamos viviendo una época de transición hacia la bici como medio de transporte y como herramienta de transformación de nuestras ciudades.

La bicicleta no sólo está cuestionando el cómo nos movemos en nuestras ciudades, sino el paradigma de ciudad que vivimos. Cómo estamos usando nuestro espacio público; el deterioro de la calidad del aire en el hábitat urbano; si nuestras viviendas, centros de trabajo y servicios están cerca o lejos; si tenemos tiempo para convivir y recrearnos o sólo para trabajar y movernos de un lado a otro; si estamos construyendo comunidades y barrios; si nuestras ciudades están incentivando sociedades sedentarias o activas, si el espacio público es para que las personas lo disfruten o para que los autos circulen y se estacionen.

La muestra fotográfica La Vuelta al Mundo en 80 Bicicletas surge de un proyecto editorial que a partir de 80 fotografías y 14 relatos, busca reivindicar y celebrar la importancia de la presencia de la bicicleta en las ciudades actuales, reconociendo su valor en la construcción de ciudades sostenibles, libres, saludables y felices para todos. La muestra fue exhibida durante el 4º Foro Mundial de la Bici en Medellín, Colombia en el 2015 y ahora, gracias a la colaboración de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y la Editorial El Caminante, tenemos la oportunidad de presentarla en Oaxaca como parte de las actividades del 12º. Aniversario de Casa de la Ciudad.

Mediante 80 fotografías seleccionadas a través de un concurso internacional que recibió más de 600 imágenes, queremos compartirles cómo se vive la bicicleta en distintas latitudes del mundo; desde entornos naturales y de recreación, hasta entornos urbanos donde la bicicleta es tanto objeto lúdico como medio de transporte, mostrando una diversidad de personajes haciendo uso de ella en su vida cotidiana, y que nos invitan a reflexionar sobre cómo otra ciudad es posible.

Los invitamos a celebrar estos doce años de camino recorrido en Casa de la Ciudad, en los que la bicicleta ha tenido un papel importante en la construcción de una visión de ciudad sustentable a la que aspiramos y que queremos construir para todos. Vamos a dar La Vuelta al Mundo en 80 Bicicletas.

Paisajes

Imprimir

En enero de este año, Casa de la Ciudad celebra su 12º aniversario, a lo largo del trayecto recorrido hemos explorado distintos ejes temáticos relacionados al urbanismo y el patrimonio a través de la realización de proyectos y actividades como conferencias, exposiciones, seminarios, talleres, entre otras. A partir del 2011 se estableció una temática anual con la finalidad de explorar durante el año en curso, y desde diversos frentes, un sólo tema, lo que ha permitido un cierto nivel de especialización en materia de movilidad, agua, áreas verdes, mercados y periferias.

Durante este 2016, Casa de la Ciudad eligió como tema de estudio el paisaje y estará desarrollando actividades en torno a los distintos territorios que conforman la mancha urbana de Oaxaca explorando a través de este, las distintas realidades y circunstancias que convergen en la ciudad. El paisaje como marco de la vida cotidiana de una población y como hilo conductor de los distintos entornos que confluyen en este territorio.

El paisaje, en el estricto sentido de la palabra, es considerado como una extensión de terreno que es vista desde un sitio en particular y que puede, en algunos casos, ser considerado en su aspecto artístico; por su valor natural, edificado o cultural. En la actualidad, la tendencia expansiva de crecimiento de las ciudades nos obliga a repensar el concepto de paisaje y visualizarlo en un sentido amplio, el paisaje ya no es más ese territorio ajeno y lejano cuyas únicas atribuciones son consideradas desde un punto de vista estético o ambiental. Hoy, el paisaje es también el territorio artificial construido producto de una cultura y el escenario de la vida cotidiana de cualquier población.

A través de una serie de actividades como conferencias, talleres, proyecciones, intervenciones, campañas y diversas actividades académicas, buscaremos generar reflexiones que nos permitan establecer una lectura sobre cómo hemos ido construyendo el paisaje que da forma a nuestra ciudad y como estamos construyendo el paisaje a futuro. Qué sucede con nuestros entornos históricos, urbanos, semiurbanos y rurales, cuál es el hilo conductor que estamos tejiendo para unirlos y cómo estamos dando forma al territorio que habitamos.

La apariencia y forma que han moldeado el paisaje del territorio que habitamos, han sido determinadas por las decisiones políticas y las relaciones sociales que convergen en él. Su conservación y cuidado, así como su proyección a futuro, dependen de cómo logremos articular estas variantes hacia un desarrollo sustentable que permita aprovechar al máximo los recursos con que cuenta el territorio.

En ese sentido, Casa de la Ciudad se perfila como una plataforma que busca incidir en la formulación de estas políticas y tender puentes que permitan socializar los procesos de planeación que moldearán el paisaje de Oaxaca en el futuro.

Los invitamos a ser actores activos en esta serie de reflexiones y actividades que tenemos programadas a lo largo del año.